31.7.17

MATAR A UN RUISEÑOR.



hoy maté a un pájaro. se posó en mi ventana con delicadeza y lo liquidé de un disparo. mato pájaros cuando me salen raíces de la cabeza y se me enredan en las pestañas; entonces lo veo todo como pasado por un papel de lija y me da por matar pájaros. mato toda clase de pájaros y no me importa si me piden por favor que no les haga daño; yo los mato. los mato como se mata a un pájaro: sin avisar. mato pájaros hasta con las persianas echadas, incluso mientas devoro un sándwich de pavo. maté un pájaro el mismo día en que nací, apretándole el pescuezo, y desde entonces es lo que hago: matar pájaros. a otros les da por el golf, yo mato pájaros. algunas veces, sin embargo, me tomo unas vacaciones y me cebo con los insectos, pero, en general, me gusta que el cadáver al menos haya tenido plumas y me aburro rápido de aniquilar hormigas. lo suyo es matar pájaros. el otro día estaba en la cola del estanco y se me coló una señora que ni siquiera fumaba! aquel día acabé con diecisiete pájaros, diecisiete, y ninguno fue paloma. apenas unos días más tarde, esa misma semana, mi novia me la pegó con un estudiante de turismo (!), y tuve que desfogarme con todo un cardumen de golondrinas para no acabar destrozando mi propio cráneo contra el espejo del retrete. y es que yo o mato un pájaro, o más vale que me disparen en el pecho, por lo que pueda pasar. fíjate si soy matapájaros, que los huevos del desayuno los tiro a la freidora con la gallina alrededor y todo. imagínate hasta que punto soy matapájaros, que un día se me olvidó matar un pájaro y me levanté a la mañana siguiente sin cejas y con las uñas de los pies todas llenas de pelo. si no mato un pájaro me ahogo, me chafo, me desheredo. ponme un pájaro y lo reviento. dame un pingüino y lo lanzaré por los aires con un bate o una palanca. ponme en su lugar un pelícano bien hermoso, y le embutiré un saco de calcetines por el gaznate para que se le atragante. a los flamencos les hago un nudo y ese avestruz me lo cargo de un hachazo. halcones, cuervos, cernícalos y gavilanes: reducidos a cenizas y a olor a napalm por la mañana. las águilas, los buitres y los milanos, lo mismo, y a las cigüeñas de un tortazo. guardo un dron del ejército para ese kiwi de las antípodas y, para el resto de aves de corral, todo un barril de estramonio para mezclar con el alpiste. el semicanario de po se lo dejo al cinocéfalo, pero me quedo con los gorriones y las urracas, y, por supuesto, me reservo las lechuzas para cuando ya no quede nada más. más vale pájaro muerto que cualquier otra cosa. lo único que me gusta más que matar pájaros, es rematarlos en el suelo. no son tan elegantes cuando se estrellan formando un cráter y las alas adoptan ángulos obtusos y sus cráneos se parten contra las rocas y dejan ver entre sus grietas los palpitantes lóbulos de un cerebro que trata de comprender lo que está pasando, todo esto entre espasmos y contracciones terribles. entonces llego yo, y remato al pájaro. y así es como consigo dormir tranquilo por las noches. mata el cuerpo y adiós cabeza. pues lo mismo pasa con los pájaros. recuerdas aquella película de hitchcock, de sir alfred joseph, del viejo al? pues me quedé loco cuando se descubre que anthony perkins es su propia madre, y de ahí me viene la manía de ducharme sin la cortina dejando el baño completamente anegado. Que te de juego me dices; pues a mí ponme unos nuggets de pollo.

23.7.17

EL ÚLTIMO WHATSAPP QUE ENVÍE


¿Recuerdas aquellos versos que tenía desparramados por la cama y que dolían? Pues ya no puedo escribirlos. No puedo hacerlo. No puedo escribir algo que escribió un yo que ya no soy yo. Porque a decjr verdad, a pesar de las transitorias y cada vez más efímeras etapas duras de asimilar, esas que solo aparecen los domingos que no estás de resaca; a pesar de ellas, puedo decir que me va bien. Quiero decir con bien que ahora sonrío sin preocuparme del qué pensarán y que me estoy acostumbrando al olor de las nubes; ¿qué más puedo pedir?

No sé. Es que ahora mi vida es tranquila como un concierto de reggae. No sé. Es que ahora sé como controlar mis alas y volar tranquilo aunque de momento prefiera viajar más largo antes que más alto. Es jodido, en realidad, aguantar el peso de las alas pero ahora es mucho más fácil tirarse al vacío. Y sobre esto, sobre no tirarme al vacío; construí mi zona de confort en la que ya no habito tiempo ha. 
Es cierto que ahora tengo un yo interior más fuerte, más rebelde, más autoritario pero, pensándolo bien, desde que le hago más caso me va mejor. Es cierto que echo de menos al amor pero estoy empezando a sentir amor hacia otras cosas de la vida. Y así todo se atrae.

Nos hacemos mayores y empezamos a encontrarnos con que nuestro encuentro era estar perdido, no parar, luchar contra utopías. ¿Y ahora quién nos saca de esta rueda? Esta rueda en la que no queremos más. Pero tampoco menos. Esta rueda en la que nos sentimos protagonistas en una serie con muchos actores secundarios pero un claro personaje. 

¿Cuántas veces te he dicho que escribiría con asiduidad? ¿Será esta la definitiva? Siento que viene una explosión caótica de versos y sueños y estoy dispuesto a recoger todos y cada uno de ellos. Fermentándolos y regalándotelos como si fueran cerveza bien fría.

Se qué esto no es lo que esperas de mí. Pero se que también te alegra. Así que dame juego y juguemos. Tengo ansias de quemarme.

6.12.16

LA LLUVIA BAJO EL CIELO DE MÁRMOL

un buen inicio es fundamental y, es curioso, porque, sin darme cuenta, ha oscurecido por la ventana mientras me decidía a comenzar con tal sentencia. llevaba días deseando sentarme a escribir, pero con el ímpetu de un castor o cualquier mamífero semejante, eso sí; en invierno. y es que hace tiempo que no sé qué decir y tampoco encuentro el ánimo para hacer que algo suceda. más que estancado, yo diría que me encuentro empantanado de la uña al cerebelo y con ganas de nada y aburrido de esto mismo. hoy, sin embargo, de veras que traté empezar las cosas bien. me desperté a una buena hora, me masturbé lo más dignamente que pude, usando sólo una mano y la imaginación, y me serví un café del que sobró de ayer. subí al estudio del ático dispuesto a arreglar la impresora, a la cual sólo le faltaba por instalar un cartucho de tinta negra quinientas doce que había comprado el día anterior en la tienda. me había decidido a imprimir una buena tirada de mi última obra, tal vez la hayan leído… el caso es que no pudo ser; porque el jodido cartucho resulta ser incompatible con el aparato. funcionará, seguro, decía la dependienta, no veo que pueda haber ningún problema por usar un genérico de doble carga. maldita. y ya el segundo sorbo de café no me supo tan dulce y, siendo festivo, no podía descambiar el cartucho hasta mañana. & me llamó en ese momento, preocupada por mí, me veía distante de nuevo. yo le aseguré que no era nada, que había tenido un mal día y que éste empezaba del mismo pie. que no encontraba trabajo, que mi futuro era una niebla densa a cuatro yardas como la de londres del 52. ella me consoló como sólo ella sabe y, joder, otra vez me olvidé de que la gente a la que quiero también sufre con lo suyo. decidí romper mi recién inaugurada norma de no fumar hasta pasadas las cuatro y rulé marihuana y tabaco en una mortalha y fumé durante horas mientras rasgaba la guitarra. cuando canto se me olvida todo y nada me preocupa. y enseguida se me embota el cerebro y ya puede girar el planeta que me digas alrededor de la órbita que prefieras, que a mí me bastará con esta butaca con ruedines y eje giroscópico para marearme sin tener que salir de mi pieza. cuando estuve demasiado colocado para entonar, guardé la epiphone en su funda y la dejé en el rincón. cartografié en un pliego de papel el mapa de una región soñada. dibujé ríos y meandros, bahías, penínsulas, acantilados y todos los elementos topográficos que uno puede imaginar, al más mínimo detalle, incluso los charcos. pero al rato me aburrí, como es costumbre, y ya no tuve más remedio que admitir que no quedaban más excusas y que, por tanto, debía poner fin a mis evasivas y sentarme a escribir. encendí un cigarrillo y puse mis manos sobre el teclado. esta es la misma historia de siempre. quería empezar bien, de una vez por todas, y la única frase que me rondaba la cabeza era algo así como la lluvia bajo el cielo de mármol. la descubrió &, una mañana en la que jugamos a traducir frases a otros idiomas con la máquina para volver a traducirlas a la lengua original y descubrir nonsenses. ésta era algo de unas canicas, y recuerdo que dije que la lluvia sobre el cielo de mármol tal vez sonaba un tanto más poética, por aquello de darle la vuelta a todo. de todas formas, no me atreví a dar comienzo a un texto con semejante galimatías, y terminé empezando con un manido tópico sobre la importancia de los inicios. menudo tonto. mecanografiando sandeces con el estómago vacío para palpar las teclas con el viejo hormigueo en las yemas de cada dedo. duermo bien, como ya dije, como una suerte de marsupial, el problema lo tengo despierto. si es que se me ve en la cara, y me lo digo desde el espejo: ay, pobre diablo, ¿pero qué es lo que has hecho? y ya no sé cuánto echar el ojo atrás para ver dónde me torcí, o si es verdad eso que dicen y los buenos comienzos son fundamentales. maldita mi suerte entonces, pues significa que nací ya sentenciado. aunque también es cierto que yo no creo en gran cosa, en nada concreto, así que tampoco me preocupa, simplemente mi espíritu hiberna como las zarigüeyas y entre tanto no soy más que mi propia cáscara con sendos párpados tras las pupilas. y tanto ansié ser mero pez, que olvidé que ya era un hombre con todo un acuario por barriga. que me distraje con cercopitecoideos y cucurbitáceas y cosas por el estilo para olvidar la vieja amapola sola cuyo néctar libaba el colibrí que aquí vivía y que, en no sé qué día, perdí de vista. ahora me contento con alegrarme de vez en cuando. todo está bien, ma, sólo estoy suspirando. procuro que cada primer paso sea certero y es por eso que mi pie titubea y que borre tanto de lo que escribo. el mundo está ahí para mí y nada más que tengo que agarrarlo. todo está bien, ma, puedo hacerlo. sólo necesito estirar un poco las rodillas y hacer crujir esta columna anquilosada. también he de ir a la farmacia para comprar bastoncillos de los oídos con los que quitarme este miedo a la vida. la historia del endimión que se soñaba sísifo mientras selene le acaricia el cuello con ternura sororal. ese rollo. una espiral en el propio ombligo. pero entonces, sin previo aviso, siento que no soy ni remotamente parecido a lo que me imagino que se espera de mí, y me da vértigo y me da vergüenza y me da por bajar la mirada, abrigar las manos en los bolsillos, guardar el silencio y la distancia, esconderme de lo de fuera, no tengo nada, ma, con lo que vivir de acuerdo. me quedé dormido el día en que se puso nombre a todas las cosas y por eso intento improvisar lo que salga, pero siempre de puntillas por si acaso me equivoco, pero está bien, ma, si no puedo complacerle. yo no quiero escribir nada importante, de veras, ni busco arrasar en ventas, ni que me reconozcan por la calle cuando vaya en bicicleta. mi único deseo es vivir libre y tranquilo, y dedicarme a estas pequeñas cosas, que es lo poco que sé hacer. si acaso un lontico de queso, para acompañar el pan. pero está bien, ma, es la vida y sólo la vida.